Una de las primeras que dictan en la carrera de abogados es la correspondiente a la teoría de la argumentación. Esa misma materia se la enseñan a quienes deben hacer de la retórica un ejercicio racional que conduzca a algo útil. De hecho, se nos dice que con cierta frecuencia, que la argumentación implica el arte de convencer. Sin duda, convencer no es el fin de la argumentación; el fin es lograr demostrar la necesidad de una conclusión a partir de la verificación de unas premisas. Convencer no requiere nada distinto a que lo dicho parezca creíble para quien lo lee o lo escucha.