Es curioso que en la actualidad, gran parte de la discusión que se da en los medios de comunicación y a nivel de los estamentos políticos del país, gran parte de la agenda la ocupa es postconflicto. Se trata de un aspecto que sería vital en un eventual escenario nacional derivado de la culminación exitosa del proceso de paz con las FARC. Como la etimología del vocablo lo indica con claridad, es claro que el postconflicto hace referencia a un escenario posterior al conflicto (en nuestro caso, al conflicto armado).
Más allá de la discusión de carácter netamente político sobre el particular, surgen inquietantes dudas acerca de qué es o qué implica el postconflicto. El mundo jurídico, que va de la mano con la voluntad de las mayorías políticas en el momento, va encaminado a estructurar ese marco propio del postconflicto. Sin embargo, la falta de claridad de qué es lo que el pueblo colombiano debe entender por postconflicto. Si por postconflicto debemos entender un país que está exento de conflicto, parece ser que ese no es el caso de Colombia. El paramilitarismo (frontal, o encubierto), las denominadas "bacrim", los grupos guerrilleros sobrevivientes (partiendo de que las FARC se desmovilicen), permiten mostrar que conflicto armado probablemente seguirá, sino que cambia la distribución de los roles y de la magnitud del poder bélico de cada uno de los actores del conflicto.